Respirando Azul Clarito

Volver al ruedo y el miedo padre

La cuenta regresiva está en marcha, quedan solo pocos días antes de volver al ruedo y dar por finalizada mi estadía en Queenstown.

La quietud llega a su fin. Tiempo de dejar la osa polar en la que me convertí (solo momentáneamente) para volver a la ruta y permitir que mis ojos se deleiten más aún.

No caigo sinceramente. No entiendo cómo es que voy a dejar este lugar. Este lugar que lo siento tan parte de mi, tan mi hogar.

Casi siete meses en total viviendo en este pueblo de montaña con aire de ciudad. Meses en los que presencié y vivencié muchas cosas. Hasta vi como fue colocado el primer semáforo en la historia de Queenstown (no te digo que tiene aire de ciudad)!

*

Cuesta irse cuando sentís algo tan parte de uno.

Hasta no hace mucho pensaba que era un lugar más, maravilloso claro, pero no lo veía como el lugar en el que quisiera establecerme y armar nidito. Pero sin razón aparente algo adentro se transformó y me di cuenta que si, este puede ser mi lugar. Al menos hasta que otro aparezca y le mueva el piso, cosa que veo poco probable.

No estoy diciendo con esto que me quedo acá y no me voy un carajo a Andorra (aunque no voy a negar que se me cruzó por la cabeza). Simplemente, me di cuenta de que llegado el momento en el que quiera un poco de quietud y tenga finalmente la necesidad de ser una local más, esta belleza sería la que se lleva los premios.

Volver a una ciudad como Buenos Aires no se me cruza por la cabeza ni por asomo al momento. Volver a vivir en mi país, tampoco. Puedo cambiar de parecer en un mes y no voy a sentirme mal por eso. Ya no me siento mal por hacer lo que la sangre en mis venas manda. 

Hoy, particularmente, siento que no terminé con Queenstown, que esto es solo un hasta luego y en seis meses nos vemos las caras de nuevo.

Siento que me voy dejando gran parte mía acá, en sus calles, en sus bares, en el lago, en la montaña, en sus subidas empinadas. Algo normal que pase en esos lugares donde amaste la vida.

Al parecer no soy la única que siente esta conexión tan grande con este lugar. Hay muchos argentinos viviendo acá hace años, que vinieron como working holiday pero decidieron hacerlo su hogar. Sigo creyendo que acá hay magia, magia pura. 

Existe la posibilidad de volver el año que viene a hacer nuevamente la temporada de invierno sponsoreada por mi trabajo actual (con permiso de trabajo temporal), ya que mi working holiday se termina a finales de diciembre. Se que no debo adelantarme e ir viviendo el momento y bla bla bla, pero tampoco es que seis meses sea un plazo muy lejano, con lo cuál es inevitable pensar que va a ser de mi en abril 2017. Es una posibilidad. Una puerta abierta para volver. No se si pasará o no, depende todo de tantos factores y diversas circunstancias que afirmar esto ahora sería una tontera. Pero quién te dice que…

Mi balance se zarpa en positivo. Fueron meses de puta madre. De mucho descubrimiento y aprendizaje personal. De serenarse y alinearse con la energía que emana tanta naturaleza. De aprender a amarse y valorarse un poco más. 

 

Fueron meses en los que conocí muchas personas que me hicieron aprender mucho y me sirvieron de espejo. Comuniones a través de charlas y vivencias que me han nutrido como ser humano gigantescamente. 

En fin, voy a extrañar este lugar como pocos. Lo supe desde el primer día que bajé del avión que me trajo desde Australia.

En unos días toca moverse y salir a la aventura, que es una situación más que feliz!

Queenstown

Queenstown desde las alturas con el genio de mi jefe.

VOLVER AL RUEDO

Toca armar la valija esta vez. La mochila se queda acá en manos de alguien que la necesite más que yo. Mi espalda se cansó de cargar peso, esta amante de la ropa se cansó de estar vestida siempre con lo mismo y quiere más prendas en su placard de turno. Menos es más, ok lo entiendo, pero a esta altura esto ya no lo negocio. Si es que fuera a viajar por Asia 4 meses, listo vamos con mochi de una. Pero sabiendo que me estoy moviendo para instalarme en otra ciudad por casi 5 meses, quiero llevar un poco más de cosas conmigo. Aparte que la ropa de invierno y la mochila mucho no se llevan.

Parece una pelotudés, pero me llevó bocha de tiempo poder definirlo. Es tanto el estigma que hay de si sos más o menos viajero dependiendo si usás mochila o arrastrás una valija, que me hacía sentir que estaba faltando a alguna clase de contrato tácito que establecía que si renunciaba a la mochila perdía mi membresía de viajera. A la mierda con eso y con todos quienes levantan esa bandera y señalan con el dedo! Si vos me estás leyendo y sos uno de esos, te quiero decir con toda mi buena onda y sin intención de ofender, que estás siendo muy corto de pensamiento.

Esta es una de las cosas del mundo viajero que me rompen un poco los ovarios, los malditos estigmas que algunos han impuesto y otros siguen como credo solo porque fulanito lo dijo. Levantamos la bandera de ser super abiertos, desprejuiciados, que nos adaptamos al resto, empatizamos con el otro y nos ponemos en sus pies, bullshit!

Hay tanto prejuicio entre los viajeros como en cualquier otro grupo social. Y me incluyo dentro de los que señalaban con el dedo eh, no estoy libre de prejuicios ni a palos. Pero el viajar para eso ayuda y mucho, siempre que uno esté dispuesto –esto es requisito sine qua non– a abrir su mente. Hoy se me antoja colgar la mochila –quizás por siempre, quizás por solo unos meses, no tengo idea–, y no me siento menos viajera por eso. Así que si te anda pasando lo mismo, hacé lo que se te antoje, corta la bocha!

Hecho mi descargo sobre el tema, prosigamos.

*

La verdad es que estoy re cagada en las patas. MAL.

Básicamente me aterra el volver a empezar en un lugar nuevo de cero.

De alguna manera estoy dentro de una zona de confort en este lugar, volví a sentirme cómoda, a conocer las calles, a caminar y ver caras conocidas, a sentirme local, y demás cosas que te suceden cuando pasás bastante tiempo en un mismo espacio. Salir de esa comodidad conquistada, asusta.

Podría quedarme acá si quisiera, porque mi visa es hasta fin de diciembre y consiguiendo un nuevo trabajo que luego me quiera sponsorear, no habría necesidad de dejar Nueva Zelanda. Pero el hecho de tener que volver a buscar laburo acá me ponía un poco inquieta, no es nada fácil conseguir (si hablamos de algo que no sea housekeeping o limpieza, claro). Aunque creo que teniendo en el curriculum mi actual trabajo, las puertas se abren más fácil ya que es super conocido acá.

Hoy no lo veo como imposible, se que si me pongo a buscar trabajo voy a conseguir rápido, pero la decisión está tomada y en una semana toca irse.

Estoy entusiasmada que voy a viajar, pero es inevitable no sentirme rara. Es un cambio, de nuevo. Es un volver a empezar, de nuevo.

*

Me aterra quedarme sin plata en estos dos meses que voy a estar sin trabajar. Me pasó tantas veces ya de estar casi con monedas y teniendo que recurrir a la ayuda de amigos, que la mera idea de que se repita me asfixia un poco. Tengo ahorros, pero la vil moneda increíblemente se esfuma casi que por magia. Lo bueno de eso debe ser que aprendés esa gran lección, la plata va y viene. No me va a pasar esta vez, estoy siendo más cuidadosa y creo que voy a estar bien. Pero bueno, el miedo gran amigo del subconciente siempre está presente para hacernos freakear un poco.

*

Estoy segura que en Andorra me va a ir muy bien. Tengo ese presentimiento desde el principio, con lo cuál no tiene sentido que esté asustada por lo que se viene.

Me hacía un poco mal la idea de empezar de cero de nuevo, más que nada el hecho de ir sola y tener que hacer un grupo de amigos otra vez (acá es donde aparecen las ganas rabiosas de tener un compañero de vida y dejar de viajar sola, chan!).

Si bien está buenísimo conocer gente nueva, llega un momento que se convierte en un proceso desgastante y que te saca mucha energía. Te cansás de las despedidas, de encariñarte tanto y de repente tener que decir chau. “Que no se corte” dicen por ahí. Pero no es tan fácil, la vorágine del viaje, la vida misma, hace que hasta las relaciones más estrechas se vean afectadas.

Afortunadamente –y acá es donde la energía del universo entra en juego–, apareció Lila en mi vida. Que aparte de ser una genia de la vida, tenía planeado irse a Andorra a hacer la temporada. Así que el status de ir sola ya no existe, porque más allá de si lleguemos o no a trabajar o vivir juntas, vamos a estar a un mate de distancia. Impagable.

 

EL ITINERARIO

Primer tramo: Nueva Zelanda

No tengo fecha concreta aún de partida, ya que la montaña cierra este próximo domingo 2 de octubre y luego de eso tenemos la staff party (que ya pinta como un día épico de snowboard y mucho alcohol, ups). Una vez pasada la fiesta, nos quedamos unos días más disfrutando de Queenstown y luego ahí arrancamos a viajar por Nueva Zelanda. 

Con Lila vamos a estar viajando hasta el 13, ya que se vuelve unos días de visita para los pagos patrios. Yo voy a seguir subiendo por la isla sur para llegar a la norte a visitar amigos que tengo por allá. No tengo un recorrido armado realmente, hay tanto pero tanto para ver, y todo es espectacular, que con lo que llegue a recorrer voy a estar más que chocha.

Segundo tramo: Malasia

El 26 de octubre me subo a un avión de AirAsia y luego de 17 horas entre cielo y tierra, voy a tener mis piecitos talle treinta y seis remojándose felizmente en agua salada.

El destino elegido fue Malasia. Este país era el punto de partida que salía más barato para volar a Europa. Cuando busqué precios de vuelos desde Nueva Zelanda a España, me puse como objetivo usar ese mismo presupuesto que me saldría el vuelo directo (alrededor de 900 dólares kiwis), distribuyéndolo en distintos aviones y viajar en el medio. Así fue que aparecía que volar a Malasia desde Nueva Zelanda era una opción económica y lo mismo desde Malasia a Europa (no directo a España).

Como quiero ir un poco de mar y sol antes de volver a invernar en el frío europeo, elegí una isla llamada Langkawi. Seguramente no va a ser la mejor playa de Asia, pero por lo que fui viendo en la ecuación precio/calidad sale beneficiada. Y vamos…después de vacacionar toda mi infancia y adolescencia en la Costa Atlántica, cualquier playa con un poco de mar trasparente siempre va a ser bellísima.

En Malasia me encuentro con Stefi, una amiga que conocí el año pasado en la temporada de invierno en Australia. Me encanta cuando suceden estos encuentros en lugares random del mundo. Habla de que los kilómetros poco significan cuando dos personas están realmente conectadas.

Tercer tramo: España

Una vez cumplida la cuota de playita correspondiente y comer la delicias malayas, toca volver a Kuala Lumpur para tomar un avión directo a Londres. Lamentablemente no me quedo en Londres por más que me encantaría (la plata no da para todo, ejem). Llego a Heathrow  y de ahí directo a otro aeropuerto para tomar otro vuelo hacia Barcelona.

BARCELONA. Todavía no caigo! Como que quiero conocer esta ciudad hace años luz. Varias personas me han dicho que me iba a fascinar, que iba a querer quedarme a vivir y bla bla. Ahora que estoy en onda tan pueblo, lugares chicos y con poco bocinazos de ciudad, no le tengo tanta fichas. Pero igual me entusiasma mucho la idea de volver a España y más aún conocer Barca.

Tengo que hacer unos trámites apenas llegue para poder aplicar luego a un permiso de trabajo en Andorra. Una vez que tenga en claro todo el papeleo, trabajo, alojamiento y demás respecto a Andorra voy a hacer un post, porque casi que no hay información y es una alternativa más para los que viajamos y nos gusta la nieve.

Parada final: Andorra

Para mediados de noviembre estaré ya entrando al principado de Andorra. La temporada empieza en diciembre, pero hay que llegar antes para acomodarse y buscar trabajo si no tenés ninguno aún. Esto la verdad que me pone re ansiosa, tengo algo en vista, pero hasta que no sea seguro estoy en pelotas. Igual estoy confiadísima que se va a dar todo, tengo esa sensación desde que esta idea se cruzó en mi cabeza hace unos meses. Hay un plan B en caso de que eso no funcione, pero no creo que vaya a ser necesario aplicarlo.

En diciembre voy a volver a estar arriba de un snowboard surfeando el polvo europeo por primera vez, oh si!  

 

 

6 pensamientos sobre “Volver al ruedo y el miedo padre

  1. Lau

    taty, qué lindo leerte y poder escribirte. Anduve vaga para dejarte mensaje, pero no me perdí ninguna de tus aventuras. Me alegra leerte tan segura, aunque sea de la inseguridad y de los miedos, saber que podés y que seguirás por ese camino mientras así lo decidas. UN ABRAZO DE MUCHO CARIÑO!!!!!!!!!!!!!!

    1. admin Autor del artículo

      Hola Lau!! Siempre es lindo leer un mensaje tuyo, me alegra el día! La verdad que tus palabras me hicieron reflexionar y es tal cual decís, estoy muy segura dentro de las mismas inseguridades. Creo que vamos generando las cosas, y siento que todo lo voy armando a cada paso consiente o no. Te mando un abrazo grande, que andes super!

    1. admin Autor del artículo

      Valija o mochila, la gran duda existencial jaja! Se que somos muchos los que andamos con esa cuestioncita. Y el compañero, como decís, ya va a llegar. Tengo el presentimiento que no está lejos.. apa! jaj
      Besote grande!!

  2. Alex Ferrero

    Bueno, qué decir querida amiga… los prejuicios, los cambios de estilo de viaje, las oportunidades nuevas, la melancolía, los miedos, el vil metal, la autoconfianza… me encanta todo lo que escribiste sobre eso y me llena de satisfacción que cumpliste tus objetivos y vas en búsqueda de otros.

    Espero que nos veamos en unos días para seguir charlando todo esto y para compartir unas sonrisas.

    Beso gigante!

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