Respirando Azul Clarito

Los hilos rojos que nos conectan

Hay una leyenda oriental que dice que estamos unidos por hilos rojos.

En muchos de mis escritos los he nombrado. Los veo todo el tiempo, me los cruzo, se me presentan personas que son tiradas por ellos en todos lados. Indudablemente están muy presentes y como buena observadora estoy atenta esperándolos a que se manifiesten.

Todo empieza con la Tana unos días atrás. Llegué a la playa, había una chica más en el grupo y nos quedamos mirándonos por un rato. Sabíamos que nos conocíamos. Y a la vez no.

Habíamos estado las dos en Nueva Zelanda, en Queenstown para ser más específica, pero en años diferentes. Ella vive acá hace un tiempo, yo recién llego. No logramos encontrar la conexión del porqué nos sonábamos tanto. Quedó ahí.

Pasan los días y me agrega al feisbu. Seis amigos en común. Miro los nombres: Pablo, Viko, Sergio, Agustín, Lucía, Eva. Nombres muy específicos para ser una coincidencia más.

Le mando mensaje, “boluda, sos amiga de los chicos”. Me dice, “claaaro, yo viví con Viko y Sergio”. Fue un instante en el que sentí que me caía la manzana de Newton en la cabeza, “aahh pero vos sos la Tanaaa!”. Empezamos a hilvanar los hilos y comprender la secuencia que estábamos viviendo. Entendí todo y más. Ella fue familia de mi familia kiwi. Estaba presente en historias y anécdotas que escuché por allá, y seguramente la familiaridad de sus gestos debía haberla visto en alguna foto.

Acto seguido, me encuentro con Yesi y Sol en la playa.

La Tana apareció a través de Yesi.

A Yesi la conocí por Meli, con quién hoy comparto piso en Barcelona.

A Meli a través de Juani.

A Juani por el laburo en Andorra, aunque sin saberlo ya nos habíamos mensajeado cuando Chochi me pasó su contacto antes de viajar para allá.

A Chochi la conozco del colegio.

*

Yesi conoce a la Tana porque es amiga de Eva.

A Eva la conocí en la Gold Coast en un hostel, yo estaba sola y ella estaba con Sergio. Tomaban mate, así que les hablé. Sergio me contó que vivía en Queenstown, le dije que yo iba a ir en unos meses a vivir ahí. No quedamos en contacto.

Estando ya en Queenstown, Romi me pide que la acompañe a la casa de un amigo a buscar algo.

Caigo en la casa de Viko y Sergio sin saber. Otro encuentro de hilos rojos.

Nos tomamos dos termos de mate y comimos sopa de pura sal hecha por Sergio.

Sergio me habló de Eva, me entero que hizo temporada en Andorra.

Luego contactaría a Eva para pedirle info.

Esa noche cae Pablo. No nos conocíamos en persona pero habíamos hablado algo.

Exe me había pasado su contacto para que me diera una mano cuando llegara.

A Exe lo conocí por Maga.

A Maga por nuestros respectivos blogs y amor por la escritura y nuestras liadas mentales.

A través de Maga también conocí a las hermanas Iametti, Sol y Yami, a La Casa de las Poetas, a Naty, a Giuliana y a Sarita.

Sarita quién ocuparía un lugar grande en mi presente actual y está por venir a casa en una semana.

*

Volviendo a la secuencia con Yesi, charlando esa tarde en la playa, le cuento que ya sabía de donde la conocía a la Tana. Me habla de cómo se conocieron ellas dos.

Me dice que Eva está en Australia, en Alice Springs.

Con Maxi, agrega como si nada.

¿Maxi G F? Le pregunto.

El mismo.

Nos sacamos una foto y se la mandamos.

SOMOS 10. El mundo tiene 7 mil billones de habitantes y siento que somos 10.

A Maxi lo conocí el día que saqué mi pasaje para Australia, el 25 de enero de 2015.

Estábamos en Cardales en un encuentro de viajeros, organizado por la familia Zapp.

Ese día también la conocí a Manu y afianzamos amistad con Sharon.

Maxi estaba de visita y se volvía para Australia.

Cuando llegué a Sydney tomamos unos mates en Bondi Beach.

Por Sharon conocí a Nacho en Port Douglas.

Hoy Nacho se está yendo de Barcelona después de dejarme una gran serie de risas y consejos divinos.

*

Esta causalidad, coincidencia, unión de hilos rojos me hizo pensar en otras personas que atraviesan mi vida hoy y cómo llegué a ellas.

Pensé en Coni que también partió hoy, y en Angie que me pasó su contacto. En lo loco que fue venir hablando y terminar trabajando juntas sin saberlo hasta que el feisbu nos hizo darnos cuenta.

En las locuras lindas de Carapachay que Coni me presentó, Dani, Fede y Dani.

Pensé en Alex, que me puso en contacto con Pipi.

En Xime, que nos habremos cruzado en algún desfile de Giordano mil años atrás, en el chaleco de colores que todavía guardo en una caja y ella también.

En Luli, el momento crucial en el que nos conocimos y cómo Barcelona nos reunió.

En Agus, la uruguaya trucha que no toma mate, a quién conocí a través de otro Nacho.

En el divino Pep, que lo conocí por Lila en Queenstown.

En Sarah, que había conocido a Pep en Niseko.

Y esta historia la tengo que desarrollar porque me parece muy genial. A Sarah la conocí en la calle, me paró camino a la montaña por mi buzo de Yuki y mi sticker en el casco de Fanny Pack (un grupo de minas riders de la que ambas somos parte). Pegamos la mejor onda y hasta surfeamos juntas ese día. Venía andando con Juani y me perdí, y mientras retomaba el camino apareció ella de la nada, un flash.

A la noche, Pep vino a mi casa en Andorra a quedarse porque al otro día se iba a acampar en la montaña. Me dice que quería aprovechar para visitar una amiga, que era una portuguesa que se llamaba Sarah. La misma Sarah que había conocido yo ese mismo día. Y encima, vivía en mi mismo piso a dos puertas de mi depto. Terminamos la noche fumando uno en casa tirados en la alfombra.

 

Háblame de hilos rojos, de energía, del universo, por favor.

La lista sigue.

Los hilos rojos no paran de aparecer ante mis ojos.

Es sabido que cuando viajás amplias tu red por mil, pero esto lo excede.

Va más allá del hacerse amigos por solo viajar.

Esto es MAGIA.

Cuando una está receptiva, abierta a recibir señales, atenta al momento presente, la magia sucede.

Creeme, todo es real.

T.

Conita y yo.

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