Respirando Azul Clarito

LA RUTA DE AMORES QUE NO SON MIOS

Hoy Wellington resuena a lluvia, fina y constante. El viento no es tan feroz como lo supo ser, sin embargo, insiste en llamar la atención despeinando cabellos al pasar. La capital de Aotearoa quiere ser recordada, claro está.

Hoy Wellington me llevó por dos cafés, dos cafés en los que supiste estar y hacerlos tuyos, Naty. Hoy los tomo prestados y me los apropio por un ratito. Sé que no te vas a enojar.

Hay un lazo rojo que nos está uniendo en un cruce por el Pacífico y nos lleva a sentir parecido. Por lo que fue en su momento, por lo que hoy es. Por lo que hoy somos en base a esas que fuimos.

Porque todo lo vivido marca el camino, nos va curtiendo la piel hasta comprender aquello que nos negamos a entender.

Sentada en ese bar en Cuba Street leí tu carta de despedida. Esa carta inevitablemente me llevó a recordar todas las despedidas que pasaron por mi cuerpo. Esas que ya no duelen más, y también esas de las que aún, alguna que otra noche, vuelven a sangrar y me hacen desvelar.

Por lo que si pasó, por los besos regalados, por las noches en vela amando.

Por lo que nunca pasó, por las palabras no recibidas, por los abrazos que no existieron, por el no estar en el tiempo correcto, en el lugar indicado.

Hubo amores reales, tan reales como esta ciudad latiendo. Otros solo fueron producto de mi imaginario. Mucho de efímero y onírico tiene mi curriculum amoroso, no te lo voy a negar. 

Hoy, gracias a tu despedida, tomo coraje para decirle adiós a lo que aún no solté.

Quizás porque no pude, no supe, no quise.

Saludo a esos amores de un día, de una noche, de milésima de segundo, de años luz.

Esos amores que lograron suspiros, y a los que les regalé mi gran océano de lágrimas.

Ellos, que asusté con mi super demostración de cariño, a los que no se la supieron jugar, o simplemente, no les pasó.

Los que me quisieron dar todo y la que no se la jugó fui yo. O simplemente, no me pasó.

Hoy, minutos después de leerte, Naty, mientras me perdía en la nebulosa de las redes sociales, vi una foto. No lo pude evitar, el piso se movió por debajo de mis pies. Una foto, de un amor que no fue, ni va a ser, en los brazos de otra persona.

Un amor que nunca existió desde ningún aspecto lógico del raciocinio. Lo categorizo “amor” porque marcó en mi algo grande, sin siquiera haber sido real. O tan real como me hubiese gustado que fuera. Dudo que él sea consciente de lo que se sintió desde este lado del hemisferio. Cuánto me hubiese gustado susurrarle amor al oído al contar sus lunares.

Una de tantas historias que solo existió en un mundo paralelo que no es este. Un mundo romántico donde hay final dorado, donde los encuentros suceden, donde las almas hacen una comunión y danzan juntas en la hora mágica.

Hay una ruta repleta de amores que no son míos. Una ruta que transité por largo tiempo y a la que ya no quiero caminar más. 

Esa comunión de almas en Barcelona, de algún modo existió. A través de la escritura, por una pizca de segundos. Dentro de la inmensidad que conlleva el tiempo y espacio, y los lazos rojos que nos unen a todos.

Como sucedió con ese otro amor, en la terraza de una guesthouse en Saigón. Ahí donde admiramos las estrellas con comida vietnamita, vino tinto en vasos bajos, mango, velas, charlas eternas y mucha pasión. Cómo no enamorarte de algo tan sublime, ¿cómo se hace, mi querida couch?

Qué hay de ese jodido amor repleto de encuentros con gusto a desencuentro. Los viajes sin sentido a La Plata, una cabaña en Chascomús, o las frías noches en Copahue.

O aquél que todavía comentan en los pasillos de la Bond Street, entre tatuajes y alcohol. Noches de rock por Makena y el teatro Colegiales. Esa pared rota por un puño que pasó a centímetros de mi cara. Ese amor salvaje y desquiciado que costó frenarlo.

Y todavía no te conté el que las calles de Castelar vieron nacer, ese que todavía me cuesta explicar. Ahí comprendí la verdadera definición de piel.

También ese que existió durante el invierno australiano, lleno de cuervos en mi ventana,  promesas de otras nieves y viajes transoceánicos. Ese intenso y precoz amor en Mount Buller.

Pero si te voy a contar todo esto, Naty, no puedo no nombrarte al primero. El amor más puro que alguna vez sentí. Puro y real. Pero el que al final de cuentas, me llevó a ser una inhabilitada emocional incapaz de amar y sentir genuinamente.

Hasta hoy.

Hoy me despido de todos esos amores que nunca fueron.

Que fueron pero no transcendieron.

A eso a los que les exigí algo que no tenían para darme.

O que me dieron lo que tenían a su alcance y no supe corresponder.

A todos ellos, los abrazo desde esta ventosa ciudad. Les convido un sorbito de mi hot chocolate con crema y marshmallows. Les doy un beso en la mejilla y les digo gracias por soltarme.

Este pájaro necesitaba abrir las alas, y ellos lo supieron entender mejor que yo. 

Y en Wellington, salió el sol.

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178 Cuba St – Midnight Espresso

13 pensamientos sobre “LA RUTA DE AMORES QUE NO SON MIOS

  1. Lau

    Es como soltar un puñado de globos con un pedacito de alma en cada uno…
    Poético, preciso, certero… Aliviador.
    Me encantó!! Aunque seguramente hay mucho de romántico sufrimiento. Su lectura hace que quiera más!
    Un abrazo Taty. Genia.

    1. admin Autor del artículo

      No pudiste describirlo mejor. Alguna vez alguien que quiero mucho me dijo: los amores son globos, los sostenemos bien fuertes hasta que un día abrimos la mano y los dejamos volar; con el tiempo, vamos a volver a sostener otro más.

      Mucho de romántico, mucho de sufrimiento. Quizás algún día me anime a escribir historia por historia.

      Beso grande ♡

  2. Alex Ferrero

    Que buen post Tati, sinceramente no sé cómo expresar en palabras lo contento que me pone leer esto. Es muy tuyo, y sabiendo la intensidad con la que sentis las cosas, el dejar estos caminos atrás no es nada fácil. Te felicito mucho por ello!

    No voy a negar que se me vinieron a la mente algunas imágenes de mi último viaje a la costa Oeste (ya tú sabes) y me genera algo fuerte recordar esos momentos en que todo fue perfecto. Habrá que dejar ir para seguir viviendo intensamente.

    Te mando un beso.

    1. admin Autor del artículo

      Quizás algún día entre mates y atardeceres en alguna playa lejana te cuente las historias completas, con todo el pantone de colores que las compuso.

      A seguir viviendo intensamente. Soltar para prepararnos a lo que vendrá.

  3. Pingback: Los hilos rojos que nos conectan - Respirando Azul Clarito

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