Respirando Azul Clarito

Bendito seas, Invierno

Llegó el invierno. Llegó el día en el que las montañas se cubrieron de blanco y las aerosillas empezaron a danzar. Llegó el momento de subirse a la tabla y volar. 

Así que me toca decir, bienvenido seas invierno blanco y anhelado. 

Y mi chochera que desborda.

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Con esta vista entendí por qué llaman a Nueva Zelanda la tierra medieval.

No es que el verano no me guste, por el contrario. Me encanta!

Si estoy cerca del mar, el verano es un estado ideal. Cerveza y amigos en una tarde de brisa calurosa es una combinación más que perfecta.

Pero si un verano transcurre lejos de una concentración grande de agua –ya sea mar, río, lago o pileta–, no me agrada tanto. Un verano en Buenos Aires, por ejemplo, con 40 grados a la sombra  en pleno cemento, paso. No ves la hora que te toquen los 15 días de vacaciones permitidos para ir a tirarte a La Lucila del Mar cual foca en la arena.

Pero si hablamos de invierno…ayyyy invierno que me hacés suspirar. Esta estación tiene algo que me encanta y me hace brillar los ojitos como si tuviera tres años y me estarían regalando un caramelo.

Una palabra. Cinco letras.

Nieve.

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Y con tal solo pronunciarla aparece la magia.

Tan radiante cuando la alumbra el sol.

Sus copos con sus formas geométricas milimétricas que van cayendo y convirtiendo todo sobre lo que se posan. Su suavidad y su calidad para decorar el espacio y volverlo surreal.

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La primera vez que vi la nieve tenía 13 años. Un amigo de la familia me invitó a ir con sus hijos a Villa La Angostura. Fue la puerta de entrada a un mundo del que hoy sigo enamorada.

Fue también el primer encuentro con el snowboard, hoy tan parte de mi vida como respirar, o viajar, o mirar Games of Thrones.

Porque ya un invierno sin nieve no es lo mismo. 

Porque lo necesito con locura.

Porque veo una tabla de snowboard y se me cae la baba.

Porque se que soy malísima y no cazo una, pero sin embargo pongo todo para superarme y mejorar.

Desde ese momento crucial a los 13 años, me pregunté muchas veces por qué no había nacido en Bariloche (mi ciudad preferida) o alguna otra ciudad blanca. Hoy ya esa pregunta no me visita más, porque se que si quiero un invierno blanco puedo ir a buscarlo, que puedo elegir vivir rodeada de nieve. 

Siento que fui muy afortunada al poder pasar esa semana arriba del cerro Bayo en la pista de principiantes sin siquiera poder usar el poma. Siento que el destino me hizo un guiño a edad temprana, pero que me llevó tiempo descifrarlo. Quizás si esa semana en el sur nunca hubiese existido, hoy no estaría en el culo del mundo arrancando una segunda temporada de snowboard, quizás estaría nadando en un mar cristalino en Costa Rica o cocinando guiso de lentejas y tomando Fernet en Córdoba.

Esta etapa de mi vida/viaje se llama chasing winters, algo así como persiguiendo inviernos. 

Y es que mis planes futuros están muy relacionados con eso. Pero eso se verá en otro momento, cuando llegue la hora correspondiente, ahora no tiene sentido hablarlo. Ya aprendí a no planear tanto a largo plazo y menos a gritarlo a los cuatro vientos.

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Así que acá estamos, momento presente. Queenstown, Nueva Zelanda.

Una ciudad que fue pensada en principio como lugar de veraneo, pero que hoy en día es muy visitada en invierno por sus dos grandes centros de ski, Coronet Peak y The Remarkables. 

Todas las fotos de este post son de Coronet Peak hace unas dos semanas. Unos días después de la primera gran nevada que tuvo el cerro.

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Cuando saqué esta foto nos estábamos yendo. La magia sucedió y comenzó a nevar.

Lamentablemente, no nieva desde hace varios días, así que las montañas están quedándose peladas de a poquito. Los dos cerros ya abrieron, pero si no reciben nieve pronto no van a aguantar mucho.

No está haciendo el frío que debería, de hecho casi que no hace frió. En este lugar pueden llegar a hacer 10 grados bajo cero tranquilamente, y hoy estamos muy lejos de eso, rondando los 5 grados de temperatura. No están dadas las condiciones para que nieve ni cerca. Los días están limpios y despejados, cálidos, casi sin viento, parece primavera más que invierno.

Pero a no desesperar porque todo llega. Lo bueno se hace desear, dicen por ahí. 

El año pasado Queenstown tuve la mejor temporada en décadas, por eso había grandes expectativas con esta nueva season. La madre naturaleza se está mostrando un poco recelosa al respecto.

Acá va un dato de color. Increíblemente el invierno en Oceanía comienza el 1 de junio. Los aussies y los kiwis tienen la característica de la vagancia por naturaleza –para algunos considerada practicidad–. Cualquier cosa que les simplifique la vida y les evite el gran acto de pensar, es bienvenido.

En este caso fue poner el comienzo de las estaciones los días 1 en lugar de los 21. Es decir que acá la primavera arranca el 1 de septiembre, el verano el 1 de diciembre, y así sucesivamente. Es decir que acá ya es invierno hace rato.

Queenstown está ubicado a unos 310 metros sobre el nivel del mar, por eso es que la ciudad casi nunca se viste de blanco en sus calles. Esto si sucede durante solo 2 o 3 días al año (el pasado invierno fue en mayo). No hay casi nieve en las montañas, menos va a haber en el pueblo.

Pero no pierdo las esperanzas de que en breve abra mis ojitos una fría mañana y al mirar por la ventana grite de la emoción y despierte a los vecinos por ver todo recubierto de blanco.

Una ciudad vestida de blanco es una de mis postales favoritas.

Quiero verte nevada Queenstown!!!!! 

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T.

6 pensamientos sobre “Bendito seas, Invierno

  1. Lau

    Increíbles y nevadas fotos. Me encantó el relato. Ojalá nieve como esperás, muy prontito!!! Mientras, a disfrutar del sol. En Buenos Aires pasamos de Verano a Invierno de un saque, asíque el Otoño se nos pasó de largo. Nos privó de sus ocres y dorados, de su tenue brisa y sus leves fríos, con algunos dejos de verano cada tanto… A vivir que son 3 días!!!!!!!
    Besos Taty!!!

    1. admin Autor del artículo

      Gracias Lau!! Si estuve escuchando que se andan congelando por allá! El tiempo no está dando tregua y ya sabemos la causa lamentablemente. Y si, como dice el Indio, a vivir que son tres días!!!! Beso grande!

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