Respirando Azul Clarito

Barcelona y el mar

Hace un mes que estoy en Barcelona. Un mes que vivo a metros del mar. Los sueños están para hacerlos realidad, dicen los que saben de esas cosillas.

Perdí la cuenta de la cantidad de personas que me dijeron “si vos vas a Barcelona, no volvés más”. No volvés más, no volvés más, queda en la pared haciendo eco. ¿Volver, a dónde, si sigo buscando el norte?

Todo el que visita este sitio parece enamorarse perdidamente de algo que solo conocen al pasar. Normal. Cuando viajamos es así, idealizamos, llegamos como ráfaga, exprimimos nuestra estadía y así nos vamos, con la añoranza de más, con el pensamiento de cómo sería una vida en ese paraíso turquesa, en esa selva mojada, en esa ciudad vibrante.

Pero esta vez, todos los que me dijeron esa frase, tenían razón. La parte de no volvés más la dejamos en suspenso, porque todo es circunstancial y nada es eterno. Pero si te puedo asegurar que Barcelona enamora y mucho.

Me tiene embobada, extasiada, viva. Después de mucho tiempo, pude conectar con intereses muy arraigados a mi esencia, a mi sustancia madre, que la creía perdida (me creía perdida) y hoy siento como va latiendo y saliendo al sol nuevamente. Poc a poc. 

No me preguntes si es el olor a mar, si son los edificios cargados de historia que hacen de este lugar un museo viviente, las cañas con deliciosas tapas. Si es el castellano con acento catalán que me encanta escuchar, o cuál es el ingrediente que despierta esto en mi, y en tantos otros.

Estoy atravesando un gran momento –si no el mejor– de estos últimos dos años fuera de mi raíz. El trabajo interior que vengo haciendo y que tanto cuesta está dando frutos. Barcelona podría ser el infierno mismo si yo no me sintiera bien por dentro, eso lo sé y bastante bien, pero por suerte, esta vez voy ganando el partido.

Me brotan las ideas, las ganas de crear, de hacer realidad lo que tanto deseo, de volver a usar mis manos y mi creatividad. Las palabras como medio para un fin. Materializar el mundo que quiero que me rodee, la energía con la que quiero vibrar.

El qué carajo hacer de tu vida sigue presente pero con más amabilidad.

Barcelona potencia eso. Le vierte una pizca de polvo plateado a esta fórmula que estoy cocinando a fuego lento en el caldero de mi bruja interior.

La casa en la que vivo, llena de arte, música, magia. Habitada por almas celestes que inexplicablemente la vida me puso al lado para caminar por estas calles juntos. Espejos. Todos buscando algo, todos buscándonos, creando una realidad muy nuestra. Ayudándonos para que este camino hacia el centro sea suave y lleno de color.

El Poblenou, el Pueblo Nuevo, mi barrio –porque ya es mío y así será–. Así como lo es Castelar, al que apodé Castelar Beach por mi deseo inmenso de que en lugar de vías y andenes tuviera mar. Hoy mi Castelar es Poblenou. Vivo a dos cuadras del mar. A DOS CUADRAS DEL MEDITERRANEO. Pellizcame que no caigo.

Vivir tan cerca del mar te genera una confusión en la estructura mental, una dicotomía entre vivir de vacaciones y vivir en una ciudad con ritmo habitual. No terminás de entender donde empieza una y comienza la otra. Dos realidades paralelas que raramente se convergen. Y si, existen y coexisten en esta pieza del mapa. Ay Barcelona, cuánto me haces suspirar y cómo me gusta.

Tiempo atrás sostenía que iba a vivir en el mar. Tenía el sueño de ir con mi tabla de surf bajo el brazo para todos lados. Me imaginaba en una playa soñada de Brasil o Hawaii, criando hijos libres con pelo desteñido por el sol y sudor de mar.

Con el tiempo comprendí que gran parte de mi es un winter kid, que la nieve y la montaña me atrapan y me llaman. Me cuesta imaginar vivir sin subirme a mi snowboard, sin ver nieve o estar rodeadas de picos elevados. Y a la vez, el mar. Volviendo a las dicotomías, acá va otra, sobre ser mar o montaña. Sobre ser en si mismo.

Esta primavera elijo mar, elijo sol, elijo este barrio, con esta gente.

Elijo la magia que esta sucediendo dentro y fuera de mi.

Apuesto a que lo que está por venir va a ser grandioso, que este presente es hermoso, que se van a terminar los trabajos que detesto hacer y voy a vivir de lo que mi cabeza, mi corazón y mis manos saben que pueden hacer. Estaban adormiladas y desganadas de la vida, pero ya van despertando y nada las para.

Quizás es el mar que empuja todo esto.

O Barcelona que no se queda atrás.

Vaya uno a saber.

Que la magia es real, a mi no me queda duda.

El Mediterraneo. Barcelona.

5 pensamientos sobre “Barcelona y el mar

  1. luli

    que lindo compartir esas sensaciónes sobre barcelona y el mar!!! cuando vaya te enseño frases clave en catalán mientras nos tomamos unas birrias sentadas en alguna de las plazas que amo de la ciudad <3

  2. Alex Ferrero

    Estuve en Barcelona, pasé por Poblenou y te visité en tu casa. Creo que no hay mejores palabras para describir lo que vi, el momento que estás pasando y todo lo que tenes alrededor. Gracias por compartir un poquito de eso y por otras cosas más, que las buenas vibras no se terminen!

    1. admin Autor del artículo

      Me hiciste lagrimear Ferrero! Gracias por tu presencia, por tu buena energía! Tenerte en casa fue un placer para todos. Las puertas están abiertas querido.
      Lo loco de vernos cada mil años y sentir que nos juntamos a tomar mates todos los días, no?
      Buen viaje guachin

  3. Pingback: Los hilos rojos que nos conectan - Respirando Azul Clarito

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