Respirando Azul Clarito

Arrowtown y un viaje al pasado

Cerquita de Queenstown hay varios lugares para visitar. Ya les hablé de Glenorchy acá, ahora le toca el turno a Arrowtown.

Arrowtown es un pueblito minero que parece haber quedado detenido en el tiempo. Su calle principal, Buckingham Street, tiene locales con fachadas de antaño, que junto al museo y al post office te hacen sentir que estás en un set de filmación de una película de época.

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Ir hasta allá es super fácil desde Queenstown. En auto son unos 20 minutos como mucho y el camino es lo más lindo de esta visita, las vistas son increíbles. Coronet Peak se deja ver a lo largo del paseo –una de las principales montañas de Nueva Zelanda que reciben miles de skiers y snowboarders en invierno–.

También se puede ir tomando el bus desde el centro de Queenstown. El ticket ida y vuelta es bastante caro, por lo que conviene comprar el pase semanal (que sale 47 kiwicitos).

La última opción es la más gasolera, auto-stop, o dedo, o hitchhiking (está asumido que tengo un fucking problema para pronunciar esta palabra, mi cerebro se niega a aprender la vocalización correcta). Acá es super común hacer dedo y para nada difícil que te lleven. Así es como voy a trabajar casi todos los días. Solo es cuestión de intentarlo bro.

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Visité este lugar hace unas semanas, para el Arrowtown Autumn Festival. Ese día había arrancando una changa como housekeeping (limpieza), algo que me genera un efecto bastante feo en mi estado anímico, pero ya hablaré de eso en otro post. La cosa es que estaba media pachucha y una amiga me invitó a ir con ella y su novio a pasar la tarde allá. Esas personas especiales que aparecen en los momentos indicados donde necesitás dosis de ternura y amor por mil.

Me pasaron a buscar por el town y nos fuimos. Como les decía, el camino lo es todo. Era pleno otoño y Otago parecía una pintura. La montaña estaba preciosa forrada de colores ocres y bordós.

Llegamos a un Arrowtown repleto de gente. Si bien es un lugar muy chiquito, es bastante turístico. Muchas personas que vienen a Queenstown se dan una vueltita. Por la calle principal podés encontrar barcitos, cafés, locales de souvenirs y ropa, también está la famosa chocolatería y heladería Patagonia –idem a las que tenemos por el sur en casa–.


Nota de color: Hace dos semanas empecé a entrenar con el equipo de Roller Derby local y los encuentros son en Arrowtown. Puedo asegurar que después de las 6 de la tarde es un lugar bastante creepy, casi que parece un pueblo fantasma.


Mientras íbamos caminando por Buckingham Street, mi amiga me señala una chica que estaba tomando mate. Le hice un comentario sobre el mate que tenía bajo el brazo y terminé tomando un amargo en el medio de la calle. Casi casi como en casa.

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El Autumn Festival (festival de otoño) consistía en un conjunto de productores de cerveza artesanal locales y de diferentes partes de Otago. Música en vivo, gente relajando un domingo, sentada en el pasto, disfrutando de las hojas que se desprendían de las ramas y bailaban con el viento hasta llegar al suelo. 

Tengo que confesar algo, como buena argenta que soy, me colé. No fue mi intención, lo juro. Quise pagar el ticket para entrar, pero el señor de seguridad me dijo que la capacidad ya estaba completa y que de todas maneras en una hora terminaba todo. Pero para cuando el amable señor me dijo esto, mis amigos ya habían entrado y yo quedé del otro lado de la valla.

Pasé un rato sacando fotos a las montañas mientras tomaba coraje para hacerme la boluda y cruzar por arriba sin que me llamaran la atención. Colarme no es algo que me guste ni me haga sentir cómoda, pero era eso o quedarme afuera hasta que termine todo.

Así que cuando junté el coraje suficiente, busqué la parte del vallado donde menos gente había y como quién no quiere la cosa, pasé una patita, luego la otra, y sácate, ya estaba adentro. Aquí no ha pasado nada señores!

Hubo unas cuantas personas que me miraron –o creí que lo hicieron–, sentí en la nuca los ojos clavados, pero me incorporé y enfilé para donde estaban los chicos tomando cervecita.

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La valla por donde me colé.

Hicimos desfile por los distintos stands probando un poquito de acá y otro de allá. Ellos me convidaban porque como no pude sacar entrada no tenía el sellito que me habilitaba a comprar adentro del festival.

Ese evento que puede parecer tan pequeño antes los ojos de alguien que viene de una ciudad grande –como Buenos Aires, en mi caso–, para los locales es un super acontecimiento.

Ya casi no quedaban stands abiertos, entonces nos fuimos a recorrer un poquito más el pueblo. Terminamos tomando helado de dulce de leche y chocolate blanco en Patagonia.

Si, ya sé que tengo la glucosa alta y no debo, pero cómo se hace para resistirse a un helado y encima de dulce de leche! (Nota mental: trabajar en decir no a las dulces tentaciones).

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Esta foto fue tomada en enero en mi cumpleaños, pero la escena era la misma.

Cuando visito lugares tan mágicos siento que la cámara no alcanza a reflejar lo que mis ojos ven. La verdad es que en Nueva Zelanda eso me pasa todo el tiempo, no hay lente que sea capaz de absorber tanta belleza natural. Porque lo que hace realmente mágico Arrowtown no son las fachadas antiguas que parecen escenografía de película, sino la imponente naturaleza que rodea al pueblo. Los árboles gigantes de miles de colores y especies, las montañas que completan el decorado, el famoso Arrow River donde hay chiquitos tratando de encontrar pepitas de oro –que alguna vez estuvieron ahí y en gran cantidad–.

Desde ese día, no me pregunten por qué, pero las cosas empezaron a ser diferentes adentro mío. Ese día terminé con una sonrisa gigante en la cara, con otra energía rodeándome, con la cámara llena de fotos de un hermoso otoño y con una afirmación en mi cabeza: cuánto me gusta viajar y conocer lugares mágicos. 

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T.

3 pensamientos sobre “Arrowtown y un viaje al pasado

  1. Pingback: Segunda season en marcha. - Respirando Azul Clarito

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