Respirando Azul Clarito

4 meses en Queenstown

Se cumplieron cuatro meses desde que volví a este pueblito de montaña llamado Queenstown desde mi break viajero en Buenos Aires.

Ya había estado unas semanas entre diciembre y enero de este año, cuando dejé Australia for good. Irme a casa de visita hizo que me perdiera el verano acá que es una preciosidad, pero había cosas que necesitaban ser resueltas con suma urgencia.

No hablé de ese viaje aún. Quizás porque fue un poco oscuro, pero necesario. No estaba pasando un buen momento hacía rato, no estaba bien conmigo, por ende no estaba bien en ningún lado ni con nadie por más paradisiaco que sea el entorno. Bali fue un lugar clave para que todo decantara por fin. Fue bueno volver, aunque duro. Cuando volvés la realidad te choca y te pasa por arriba. Más si venís de pasar nueve meses en un lugar tan opuesto como es Australia, donde parece que estuvieras viviendo en una burbuja de irrealidad donde todo funciona, es sencillo y tiene lógica.

HOLA BUENOS AIRES

Volví a una Buenos Aires más loca y furiosa que nunca. Buenos Aires se transformó en un infierno personal, y no solo por los 40 grados diarios del verano porteño. La gente estaba muy enojada, razones políticas y sociales del contexto que hacían que todo fuera una mierda para cualquiera. Era entendible, me habría afectado de igual manera si no habría estado solo de paso. Considero que las ideologías pueden existir, pero el fanatismo es algo horrible. Así que traté de evitar eso lo más que pude.

Llegué a la casa de mi abuela. Una de las razones principales del viaje de visita era ella. Ese miedo a no verla más, me cuesta hacerlo desaparecer. Me pesa no estar ahí con ella, porque se que lo sufre, pero ¿de qué sirve que esté ahí si a mi no me hace bien? La encontré más vieja y perdida que cuando me fui en abril de 2015. No pasó mucho tiempo, pero ella lo sintió. Le hice falta y haber vuelto fue el mejor regalo que le pude dar.

Esos dos meses y chirolas que estuve en Argentina me hicieron darme cuenta de cuanto amor tengo en mi vida y cuán afortunada soy por eso. Tanto de mi familia como de mis amigos. Encontré muchos hombros en los que posar mis lágrimas, las palabras indicadas para superar tanta angustia, brazos que me estrecharon cuando necesité un abrazo para no quebrarme.

Si me preguntan la razón de tanto dolor, creo que fue una acumulación de años que no había terminado de procesar y superar. Vivir no es fácil, la vida es medio garrón por momentos, eso lo sabemos todos porque nadie puede escapar de lo que le toca. A veces caemos en esa estúpida idealización del viajar, donde el mero hecho de irte te asegura felicidad y plenitud. Viajando te das cuenta que no es tan así. No digo que no ayude, pero no te soluciona todo. Si puede que las heridas se van a curando de a poco, que la distancia aliviana, que las penas se disuelven y desaparecen. Pero es más mérito del tiempo que del viajar. Si quizás me sirvió para darme cuenta de muchas cosas y ver todo con otra perspectiva. Pero volver fue necesario para terminar de entender, aceptar y cerrar etapas.

Dos meses y chirolas en los que pasó de todo. Se casó mi hermano Maxi. Fui la fotógrafa de su casamiento además de madrina. La operaron a mi mamá para que pudiera respirar mejor. Volví a reencontrarme con un gran amor, por el que casi dejo de viajar. Visité en La Pampa a mi papá y su pareja por primera vez. Me quise quedar en ese pequeñito pueblo andando a caballo y durmiendo la siesta eternamente. Un motochorro me robó el celular un mediodía en plena calle de Castelar. Conocí San Luis. Volví a acostumbrarme a atravesar La Matanza arriba de un bondi repleto una tarde sofocante. Visité mi antiguo trabajo en un banco y pude reafirmar que esas cuatro paredes en el microcentro porteño no es lo que quiero para mi. Comí pizza, empanadas y medialunas. También milanesas con puré hechas por la abulinda. Hice 19 sesiones de kinesiología que me ayudaron a recuperar la rodilla. Volví a ver a mi psicóloga. Hice reiki dos veces. En los análisis de sangre me salió muy alta la glucosa. Entendí que adelgazar era imperioso y empecé a comer –un poco– más sano. La volví loca a la abuela. Ella me volvió loca a mi. Fui al cine con mi hermano Rami, una de mis cosas favoritas. Me tatué otra vez. Liberé mis palabras en La Casa de las Poetas. Pude tirar huevos a una amiga que se recibió. Vivencié la apertura oficial de El Limonero. Trabajé en el Lollapalooza vendiendo remeras por un día. Dejé los antidepresivos que me encarcelaban hace años.

Abracé – lloré – grité – besé – puteé – hice el amor – amé.

Hubo dos intentos fallidos de sacar el pasaje para volver a Nueva Zelanda, donde las manos me temblaban sin razón real y mi cerebro se escondía en mi estómago y me hacía descomponer. Miedo a la soledad, a la incertidumbre, a no tener un morlaco, a todo. La estiré, pero un día finalmente lo saqué.

BACK IN WONDERLAND

El viernes 1 de abril me subí al avión de Air New Zealand (hasta ahora mi aerolínea favorita) y aterricé en Auckland un domingo 3. La diferencia horario es mortal, son 15 horas. En verano cuando pasé año nuevo acá eran 16, mi viejo me llamó para decirme feliz año cuando allá recién eran las 8 am del 31 de diciembre, un flash!

Desde Auckland me volví a tomar un avión para Queenstown. Todavía no conozco nada de Nueva Zelanda que no sea este lugar y sus alrededores, como Glenorchy o Arrowtown. Algo me decía que era el lugar para quedarme quieta que tanto buscaba.

Hoy puedo decir que no me equivoqué. Estos cuatro meses fueron maravillosos. Pero la clave de que hayan sido tan buenos es el cambio interno que hice, sin eso, podrían haber sido los peores cuatro meses de mi vida.

Me propuse mirar todo con otros ojos, disfrutar más lo que me rodea, conectarme con la naturaleza. Me propuse quererme más, valorarme, gustarme. Todo ese proceso fue fuerte, doloroso, costó mucho transitarlo porque no pasás de un día al otro de no gustarte a sentir que sos hermosa, y acá no solo hablo de lo físico sino también como ser humano.

Muchos años de terapia no lograron hacerme sentir bien conmigo misma, pero quizás me dieron las herramientas para que el día que yo estuviera lista para hacer el cambio, este realmente sea real.

Los dos meses y piquito que estuve en Buenos Aires fueron un remolino puro. Nunca en mi vida lloré tanto. Lo necesitaba, había que sacar todos los demonios que me lastimaban la piel y el alma. Irme no fue fácil, estaba tan por el piso que quedarme parecía la mejor opción. Quedarme en lo conocido, lo familiar, en las amistadas y la familia que me apachurraba. La comida que la abuela me cocinaba, el amor ya conocido. La seguridad de saber todo lo que te puede pasar y lo que podés esperar de la misma vida que viviste durante 25 años.

Estuve al borde de no volver a Nueva Zelanda, se suponía que era por un acto de amor, por jugármela y todo ese cuento, pero era más miedo a estar sola de nuevo que otra cosa. No quiero decir que los sentimientos no estuvieran, al contrario, pero rota como estaba nada sano y lindo podía darse, todo iba a ser oscuro y doloroso. Muchos me decían que me quede, tenían miedo ante tanta inestabilidad emocional que mostraba. A esas personas les decía que este lugar era mágico, que no podía parar todavía, que si bien quisiera quedarme quieta y hasta a veces extraño un poco mi vieja vida citadina, tengo todavía mucho camino por recorrer.

Decidí volverme a la tierra kiwi, casi sufriendo esa decisión, pero a la vez no quería perder la oportunidad de estar otra vez en este lugar soñado, y además me llenaba de ilusión hacer otra temporada en la nieve.

Saqué el pasaje.

Me subí al avión.

Llegué a Auckland y de ahí derechito a Queenstown.

Volví al hostel que sabía que iba a sentir bien, más caro y un poco alejado, pero limpio y con un dejo de hogar. Encontrar casa era algo de extrema urgencia. La parte más difícil de vivir acá, junto con conseguir trabajo. Esa primer semana justo estaba de viaje una amiga de mi antiguo trabajo en Argentina, así que tuve compañía de lujo (gracias Fer por mimarme tanto!).

Queenstown es un micro-mundo dentro de Nueva Zelanda. Es un pueblo burbuja donde las reglas generales que aplican en toda la tierra kiwi, acá no se dan. Pero sobre esto voy a hablar en otro momento.

Al día siguiente de haber llegado, ya estaba trabajando de moza en el restaurant en el que laburé durante mi corta estadía en el verano. Estuve en este trabajo por más de dos meses. Lo odié mucho por momentos, por las pocas horas, por la poca plata, por lo lejos que me quedaba, por los jefes, por mi supervisora, por ver a parejas ir a comer felices y encontrarme pensando que quería ser yo la que se sentaba a comer y no la que servía la mesa. Pero más allá de todo, cumplió su función. Me permitió durante esos dos meses pagar el alquiler y hacer una compra semanal en el supermercado basada a arroz y fideos. Si es que había algunas propinas, podía permitirme una o dos cervezas el sábado a la noche. No se como hice, pero sobreviví.

Este lugar es una perdición para el bolsillo, porque si bien es chico, hay mucha vida nocturna y gastronómica. Desde tomar un café hasta ir por una cerveza a la noche, todo es una tentación. Fueron dos meses en los que en ese sentido no la pasé super, porque siempre querés más. Ir al supermercado y no poder comprarte lo que te gusta es muy frustraste. Todos alguna vez lo pasamos, así que sabrán de que hablo.

Fuera de lo laboral, más a nivel interior, esos dos meses fueron geniales. Me propuse comer más sano y lo logré. Salí a caminar todos los días por los Queenstown Gardens, uno de mis spots preferidos acá. Escribí en mi cuaderno con regularidad a manera de terapia. Aprendí ir a trabajar haciendo dedo. Me generé una rutina diaria para sentirme en casa. Organicé y edité fotos. Fui conectando de a poco con la Tatiana que estaba medio naufragando por ahí. Me di cuenta que amo el otoño. Me volví una coleccionista de hojas caídas. Volví a leer y mirar películas. Aprendí a ser más tolerante.

Me fui dando lugares, permisos, aceptando. Re-encontrando conmigo, por decirlo de alguna forma. Empecé a decir en voz alta cosas que quiero y cosas que no. A quién quiero y a quién no. Cómo lo quiero y como no. Comprendí qué clases de personas quiero que me rodeen. Me atreví a soñar un poco más alto. También a entender que si vuelvo en dos, cinco, ocho meses, está perfecto y no le tengo que dar explicaciones a nadie. Que este blog existe porque yo quiero que exista, pero que si eso me pesa, habrá que dejarlo ir. Que no tengo que probarle nada a nadie, solo a mi misma que puedo ser feliz e irradiar la luz que se que tengo dentro. Me amigué con mi cuerpo, con mis curvas, con mi sonrisa.

Mi sonrisa, mi gran gran super poder. 

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Atardecer y snowboard. ¿Qué más pedir?

Entendí que me gustaría un poco de estabilidad, que una casa con un perro y un amor esperándome a la noche para dormir en un abrazo me cierra perfecto. Que quiero ser mamá en un tiempo no muy lejano. Que viajar me apasiona y quiero seguir haciéndolo, pero quizás no estoy hecha para ser nómade. Que una vida en una ciudad gigante como Buenos Aires me asusta. Que el invierno y las montañas me sientan bien.

Hice por primera vez en mi vida Roller Derby con el equipo de Queenstown! Hacía años que quería arrancar este deporte y no se daba, y acá, en el culo del mundo, lo logré. Hoy en día no voy más a entrenar porque que no me dan los horarios ni el cuerpo, pero ya lo voy a retomar en otra oportunidad.

No voy a negar que las cosas podrían haber sido mejor en general, otro trabajo u otra casa con otros integrantes donde vivir hubiesen hecho todo el proceso más fácil y feliz. Pero a mi no me suelen tocar las cosas fáciles generalmente, quizás está destinado así desde el día en que pisé el planeta. Debe ser justamente para que saque mayor jugo y aprendizaje a todo.

De todas maneras, siempre pasan cosas geniales en el medio, y como suele ser, están relacionadas a personas. Conocí una cantidad enorme de seres celestes por estos lados. Una gran amiga estuvo de visita por un tiempo y me llenó el corazón y la panza con empanadas. Otro gran encuentro fue con Alex de Vida de Mochila, que después de muchas charlas virtuales terminamos trabajando juntos y compartiendo unos ricos amargos frente al lago.

JUNIO

Llegó junio, el invierno y la mejor parte de estos cuatro meses. En junio cambié de trabajo, llegaba la nieve y arrancaba la temporada. Así que se me dio y entré a trabajar en un rental, en el que sigo aún y voy a estar hasta octubre. Somos cerca de 20 personas trabajando, lo cuál hizo que mi vida social se incremente.

Trabajé muchas horas durante este último tiempo debido a las vacaciones de invierno de Australia y Nueva Zelanda. Queenstown es el destino elegido en NZ en el que las familias o grupos de amigos vienen a pasar una semana en la nieve. Tanto trabajo me deja de cama, hago  4 jornadas seguidas de 13 horas cada una, pero eso hizo que la cuenta bancaria volviera estar en positivo, pueda ahorrar algo y me alivie la carga mental de no saber con qué iba a pagar un vuelo para dejar la isla cuando esto se termine. Volví a comer un poco más rico y dejar el arroz por un tiempo, además de darme algunos gustitos y salir de parranda sin culpas. Trabajar en atención al cliente puede llegar a ser un dolor de ovarios, incrementado si le sumamos el cansancio por las largas jornadas laborales, pero ponemos música, hacemos boludeses y tratamos de que el tiempo que estamos ahí valga la pena.

Volví a hacer snowboard, al menos una vez por semana. Ahora que ya bajan las horas de trabajo, van a hacer dos o tres, dependiendo cuantos días off tenga! Que sensación más linda por favor! Igual me cuesta perder el miedo, tengo todavía como una traba adentro que si veo que la cosa se pone rápida o media arriesgada me paralizo. Sigo trabajando en el miedo a la montaña, no es fácil. Es muy loco que te guste tanto algo pero no puedas permitirte disfrutarlo al 100 por ciento. Pero ya voy a llegar a eso, no tengo prisa.

Basicamente estoy trabajando la mayor parte del tiempo, saliendo de joda más de lo debido y andando en snowboard todo lo que puedo. El cuerpo empieza a pasar factura, pero ya va a haber tiempo para aflojar y relajar.

Durante agosto y septiembre voy a estar trabajando en el mismo lugar. En dos semanas al fin voy a tener una pieza para mi sola, una gran noticia –este temita de tener 27 años y compartir cuarto no me causa mucha gracia–. Voy a hacer todo el snowboard que pueda en mis días libres y disfrutar de este lugar del que no me fui aún y ya empiezo a extrañar!

Los planes para octubre, una vez terminada la season, son viajar un poco por Nueva Zelanda y visitar amigos que me hice acá pero están en otras zonas del país. Y entrado noviembre encarar para Europa, donde voy a hacer la tercera temporada de nieve en Andorra si todo sale bien!!! A cruzar los dedos y mandar buena energía intergaláctica para que se de todo!

Abrazo desde un punto ínfimo bien al sur del sur.

T.

 

 

12 pensamientos sobre “4 meses en Queenstown

  1. Alex Ferrero

    Cuando te leo Tati, pienso en todo aquello que no estoy transmitiendo y que sin embargo estoy viviendo. Cuantas cosas pasaron en 4 meses! Desde el detalle más ínfimo al gran “sacudón”, todo eso te pasó y me pone muy contento que lo largues en forma de palabras, no es facil. Así como no es fácil, creo que el aprendizaje de todo lo malo nos hace más fuertes y vos ahora estás en tu momento “Xena” por así decirlo.

    Siempre que puedo, trato de repetirlo por mensaje: “disfrutá de tu momento” porque te lo ganaste. Aunque en verdad todos deberíamos disfrutar de cada momento sencillamente porque vivimos! pero a veces es más fácil enojarnos por cosas que no valen la pena, qué se le va a hacer.

    Te mando un beso grande y estamos hablando, como todos los días jaja.

    PD: Gracias por mencionarme en tu post! Para mí fue muy emocionante el encuentro y por supuesto que no va a ser el único (uno más acá y otro en Europa? :O ).

    1. admin Autor del artículo

      Hasta hace unos meses eras un desconocido que me leía y enviaba las mejores vibras. Pasó la virtualidad y ahora sos un amigo. Brindo por los encuentros como el nuestro y espero que se repita acá como en el viejo continente. Gracias por el aguante. Te toca a vos ahora el cambio de chip. Hablamos mañana jaja beso vieja!

  2. Cyndi

    “Que quiero ser mamá en un tiempo no muy lejano”. No se lo que pasa en los viajes, pero esta frase también está merodeando de vez en cuando por mi cabeza… Definitivamente estas palabras que dejas son escritas desde el alma, uno puede sentir todos tus sentimientos. Que genial saber que comienzas a hacer lo que quieres, cuando quieres y sin darle una explicacion alguna a nadie, si quieres descansar lo harás y ya sea en Buenos Aires como en cualquier lugar del mundo.
    Te felicito por todo lo que haces, lo que inspiras… Que sigas bien con la temporada en NZ y todo resulte en Andorra, tengo una amiga que va para allá también a postular a un hotel para housekeeping, me habló de unas visas para extranjeros, supongo que debe ser lo mismo. Yo en Bali, Australia quedó en el pasado, 7 meses fueron OK, no me llenó…

    Saludos gigantes,

    1. admin Autor del artículo

      Querida Cyndy, antes que nada gracias por siempre leerme y por las buenas energías! Gracias por considerarme inspiradora, es lindo que te genere eso! Creo que el tiempo van despertando las ganas. También puede ser que el ser mamá haga que anclemos y que nuestro puerto sea otra persona, ya no barrileteemos (creo que inventé esa palabra jaja) más, y tengamos un objetivo un poco más conciso y no tan volátil como el que nos mueve en este momento. Creo yo, puede que me equivoque. En mi caso, puedo decirte que tengo muchas ganas de dar amor y puede que ese sea el lugar donde canalizarlo.
      La verdad que como decís vos, es genial hacer lo que te plazca. La mirada del otro siempre es tan pesada. Esto de tener un blog te hace creer que tenés que responder a alguien por momentos. Por suerte ese peso de a poco se fue diluyendo y hoy me lo tomo de otra manera. Bastante cargas dejamos atrás en nuestras antiguas pieles para seguir acarreándolas en otros continentes, ¿no?
      Que lindo Bali! Me parecía que te habías ido… está perfecto! Siete meses es un montón de tiempo, y hay tantos países para recorrer que para que quedarse en uno que no llena! Espero cruzarte por ahí en algún momento!!!
      Beso grande!

      1. Laura

        Me gusto mucho lo que escribiste y se me pianto mas de un lagrimon.
        Mi aventura en NZ duro 4 años, la mayoria en Queenstown tambien. Fueron años de tener laburos poco interesantes (pero de mucho aprendizaje), salidas nocturnas a full amores volatiles y conocer amigos del alma. Todo ello matizado con visitas a Argentina, el clasico ya Sudeste Asiatico, India y Europa.
        8 años desde que volvi a Argentina (y mierda que costo )y 3 desde que soy mama. Que podría decirte? Solo que es, Otro viaje increíble.
        Y hoy, que mi partner aun puede aplicar al W&H, veremos si los astros quieren que vuelva a tierras kiwis x un rato para mostrarle la belleza y como se vive a mi familia (x aca la gente sigue cada vez mas enojada, stresada y fanatizada).
        Buenos viajes!

        1. admin Autor del artículo

          Hola Lau, que lindo leerte! Midiéndolo en tiempo lineal cuatro años parece un montón, pero me imagino que se te habrán pasado volando. Coincido en todo, los laburos, las salidas, los amores volátiles y amigos gigantes. El ritmo de Queenstown te lleva a una vorágine bastante difícil de parar (más si te gusta la joda como a mi jaja).
          Debe haber sido dura la vuelta, siempre es jodida. Lo bueno es que hiciste que valiera la pena! Ojalá se les de la WH para que puedas volver a este lugar precioso y se lo muestres a tu familia.
          Te mando un gran abrazo y gracias por este hermoso mensaje!!

  3. Hernán

    Genial el Post… me llevo a ponerme en la esa curtida piel y en esos zapatos o botas de Snowboard… ja… La mejor de las suertes para tus viajes y planes o deseos…
    Yo viajo a Auklnad con mi pareja de turistas el 6/9 y después no sabemos para donde arrancar.. je.. seguro viviremos unos días de euforia para amoldarnos, encontrar un lugar no muy caro y analizar si recorrer esa ciudad o partir hacia otra, comprar un auto o movernos en bus y tren… moto o a dedo…

    1. admin Autor del artículo

      Hola Hernán! Muchas gracias por leer y por la buena energía que me mandás!! Que lindo que vengan para este lado! El tiempo que vayan a estar en NZ (si solo son vacaciones o con intención de quedarse con WH) es la clave pare decidir eso. Si van a estar largo rato, comprar un auto es la que va. Si son vacaciones, pueden alquilar uno o una campervan, que es la mejor manera de recorrer este país. Estimo que un par de días en Auckland para conocer y para amoldarse al jet lag (que es tremendo) están bien. Exitos!!!!!

  4. Fer

    Excelente, sin palabras ! En septiembre voy a estar en nz y me encantaría visitarte en queenstown. Espero encontrar algo de nieve para hacer snowboard. Pasame alguna sugerencia plis

    1. admin Autor del artículo

      Hola Fer! Gracias por leer!! Buenísimo, acá voy a estar todavía en septiembre así que salen unos mates sin falta, y por qué no un día surfeando! Nieve va a seguir habiendo, spring snow, pero snow en fin. Escribime para cuando estés llegando y te paso la info que necesites. Beso!

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